Sobre mí

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Me llamo Koldo Burgoa Comunión, tengo 32 años y los últimos casi 9 años me los he pasado viajando de diferentes maneras, cuando mis obligaciones no me exigían enseñar alguna que otra cosa a las nuevas generaciones en las escuelas por las que he ido pasando.

 

 

 

fin de trayecto

Dicen que hay momentos en la vida que lo cambian todo. El mío fue, sin duda, en la primavera del 2006. Ese verano me compré una moto de segunda mano por si tenía que trabajar de mensajero. Una Hyosung Aquila 250 que no duró más de dos meses antes de que con 4500 kilómetros hechos, le reventase el motor.

 

No sería hasta mayo del año siguiente cuando pude comprar la segunda, una Kawasaki Vulcan 900. Un mes después metí un colchón en una casa de alquiler y me piré de casa de mis padres para dejar sitio a mis abuelos y mi hermana.La exótica 3

Sin duda, vivir solo teniendo una moto grande, es lo que cambió mi vida. Con ella me fui a dar una vuelta por España y Portugal ese mismo verano junto a otros dos foreros que conocí cuando aun conducía el otro andrajo de moto. Sería un andrajo de moto aquella aquilita, pero me sirvió para lo básico en este mundo: conocer a una gente estupenda que me abrió los ojos y descubrió mi pasión por las motos que, hasta entonces, había permanecido latente.

Tras el viaje por España y Portugal vinieron muchos kilómetros en rutas por la Península Ibérica y alrededores.

 

El verano siguiente, nos fuimos a Italia, aunque como mis vacaciones eran más largas, antes de ir me hice otra ruta por España y, a la vuelta, aun a pesar de que en Barcelona me robaron la documentación de la moto y bastantes cosas, me fui aun 20 días a Huelva a ver a mis amigos de Aljaraque, Alex y Bego.

Sería esa, aquella ruta del 2008 a Italia, su última gran ruta. A finales del curso siguiente, con 26000 kms de vida, y tan solo 6 días antes de hacerme un viaje por todo Europa, con gente dispuesta y confirmada para alojarme durante toda la ruta, un coche decidió pararse sin sentido alguno al final del carril de aceleración de Ortuella cuando yo salía del trabajo y me volvía para casa, al medio día. El impacto fue tan fuerte que una semana después me llamaban del deposito de la grúa para preguntarme con que furgoneta o camión le había dado al coche. Volé por encima de ese coche. El motero que me atendió en la ambulancia no daba crédito que hubiese salvado la vida habiendo ido a aterrizar contra el muro de obras de la autopista y haberme quedado colgado en él. Murió con 27000 kilómetros.

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Por lo que fuera mi destino no estaba en aquella autopista aquel día. Y, sin movilidad en las piernas durante 10 días más hasta que la contusión se fue disminuyendo y, a pesar de estar esos días en casa de mis padres mientras me recuperaba, ya fue suficiente para presentarme 20 días más tarde en la BMW a por una moto con doble disco delantero de freno, ABS y un reparto de pesos perfecto, suspensiones rebajadas de fábrica, muy ágil en movimiento y que, sería llamada Infiniti. Una BMW 800 ST que me acompañaría durante 70.000 km de rutas, por las cercanías, varias a Pirineos y, por fin, en el 2011, aburrido de la Oposición para la que había estado estudiando más que en toda mi vida junta. Y, justamente, el año que conocí a Gosia aunque ella no pudo quedarse en Bilbao ese verano, Infiniti me llevó a Los Alpes.

Infinity en el puerto de Herrera

A la vuelta, pese a que no había tenido problemas durante esta ruta, tuve dos grandes ideas:

1- Necesitaba una moto trail ligera para iniciarme en el offroad sin que fuese algo tan ligero que no fuese extrapolable por pesos e inercias de la moto a una moto de viaje.

2- Tenía que empezar a estudiar un FP de mecánica para ser capaz de mantener y arreglar la moto durante mis viajes.

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Así llegó Pandora, una Honda 650 Dominator, a casa, con la que, tras ponerle unas ruedas de taco, quitarle el carenado y comprarme algo de protecciones, empecé a usar más seriamente que al principio para salir de la carretera.

Bromas de la vida y chorradas humanas me hicieron coger un crédito personal además del que pagaba por la moto, con lo que los siguientes años me dediqué a… claro, cómo no, a viajar. Solo que sin moto. Así me hice, varios viajes en autostop junto a Gosia, el 2012 por Rumanía y Bulgaria y, posteriormente durante el verano de ese año, por el resto de los Balcanes. Este viaje nos llevó a Rusia al año siguiente y, claro, cruzamos Rusia y Europa de este mismo modo en dos meses.

Ante la falta de choque cultural, aunque sí algo de barrera idiomática, decidimos que el viaje siguiente sería a África. Por eso, el verano del 2014, nos fuimos a Senegal. Llevábamos varios meses escuchando sobre el problema del Ébola que se extendía entre los países vecinos y cabía la posibilidad de que nos pillase durante el viaje. Tampoco eso nos frenó. Fuimos a Senegal, Gambia, Mali (aunque la idea original era pasar por Conakry pero nos advirtieron que no nos dejarían salir si entrabamos) y Costa de Marfil. Sí, realmente, África es diferente y merece la pena mucho ser visitada. El choque cultural está garantizado.

CAM00604Pero no era suficiente. Había acabado mis estudios de mecánica, controlaba inglés, algo de frances, español porque no queda otra pero… faltaba algo. Así que empezamos a soñar con el siguiente proyecto: Dar una vuelta al mundo sin prisa. Para eso mi actual moto no me servía, por lo que me tocó ponerla a la venta y empezar a buscar una moto con unas mejores características para dar una vuelta al mundo a dúo en una solo moto. Así encontré una vieja Honda XL 650 Transalp que he llamado Oníria porque me va a ayudar a cumplir un sueño y que, voy a probar con esta ruta, una de las mecas moteras Europeas, Cabo Norte

Si este viaje sale bien, ya no quedará nada más que probar y el 2016, podré empezar esa vuelta al mundo… sin prisa. Con la única intención de descubrir y mostrar.